Únicamente el 10% de las personas que necesitan tratamiento mental lo reciben

No habían pasado 15 minutos de evento cuando don José Andrés Moreno, de 91 años y seis meses de edad, pidió la palabra para preguntar qué podía hacer con los síntomas de depresión, ansiedad e insomnio que dice padecer desde hace décadas. Según contó este pensionado de la ETB, en tantos años de padecerlos no ha sido diagnosticado ni tratado, a pesar de intentarlo varias veces a través de la EPS.

Creyó que quizás encontraría respuestas en ese lugar, la Universidad del Rosario, con la presencia de reputados psiquiatras y el mismísimo ministro de Salud, Juan Pablo Uribe, donde se discutía la implementación de la política de salud mental recientemente anunciada. Pero no. Se marchó sin saber qué hacer con la fatiga y la desesperación que cada tanto acusa.

¿Por qué tuvo que llegar este hombre a un foro académico a buscar ayuda sobre sus síntomas? ¿Por qué el sistema nunca se acercó a él para ofrecerle el diagnóstico y la atención que reclamaba? Y con realidades como la de este ciudadano, ¿cómo llevar a la realidad la política de salud mental?

Preguntas como estas se abordaron en el foro ‘La salud mental en la agenda política: de sus planteamientos a la realidad’, que fue organizado la semana pasada por la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de este claustro.

Allí se discutió la cruda realidad de las enfermedades psiquiátricas, en un contexto académico y propositivo, teniendo en cuenta que en el país una de cada 10 personas adultas y el 12 por ciento de los adolescentes presentan algún problema de orden mental, recordó Carlos Gómez Restrepo, médico psiquiatra, decano de medicina de la Universidad Javeriana y cabeza de la Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM).

Pero más allá de estas cifras, que para el ministro Uribe ubican esta situación como un asunto grave de salud pública, es que a la hora de abordarse las falencias del sistema quedan al desnudo. De hecho, según la ENSM, solo una de cada 10 personas que necesitarían intervención la reciben, con el agravante de que apenas una de cada tres de las que la solicita la recibe de manera integral.

Disminuir estos indicadores es, para Rodrigo Córdoba, director del departamento de psiquiatría de la Universidad del Rosario, uno de los principales retos de la política de salud mental que plantea, justamente, metas ambiciosas como aumentar el número de atenciones y reducir las crecientes tasas de intento de suicidio y de inicio de consumo de sustancias psicoactivas.